José Joaquín de Olmedo

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20080802klphishec 37 Ies SCOJosé Joaquín de Olmedo nació en Guayaquil el 20 de marzo de 1780. Realizó sus estudios en Quito y continuó la carrera de Derecho en la Universidad de San Marcos en Lima. Fue nombrado diputado en la Corte Española de Cádiz.  Huyó de España tras las el restablecimiento del régimen absolutista, volvió a Guayaquil, allí fue  nombrado presidente de la Junta de Gobierno. Se opuso a la anexión de Ecuador a la Gran Colombia.

Modificando su posición, defendió la Independencia,  los líderes del 9 deI octubre de 1820  colocaron a Olmedo al frente de la insurrección, defendiendo el lema "Dios, Patria, Libertad y Victoria".  Redactó una Constitución para Guayaquil, reorganizó el ejército y colaboro con Antonio José de Sucre para el triunfo de la Batalla del Pichincha y encabezó la revolución de marzo de 1845.

 

 

José Joaquín de Olmedo publicó muchos poemas, historias y odas, pero de entre las más importantes y destacadas se pueden encontrar:

 La Batalla de Junín

 Canto a Bolívar 

 Alfabeto para un niño

 Al General Flores, vencedor en Miñarica 

  Al General Lamar

  Epitalamio

 

CANTO A BOLÍVAR

El trueno horrendo que en fragor revienta
y sordo retumbando se dilata
por la inflamada esfera
al Dios anuncia que en el cielo impera.
Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta
la hispana muchedumbre
que, más feroz que nunca, amenazaba,
a sangre y fuego, eterna servidumbre,
y el canto de victoria
que en ecos mil discurre, ensordeciendo
el hondo valle y enriscada cumbre,
proclaman a Bolívar en la tierra
árbitro de la paz y de la guerra.
Las soberbias pirámides que al cielo
el arte humano osado levantaba
para hablar a los siglos y naciones
-templos do esclavas manos
deificaban en pompa a sus tiranos-,
ludibrio son del tiempo, que con su ala
débil, las toca y las derriba al suelo,
después en en fácil juego el jugaz viento
borró sus mentirosas inscripciones
y bajo los escombros confundido
entre la sombra del eterno olvido
-¡oh de ambición y de miseria ejemplo!-
el sacerdote yace, el dios y el templo.
Mas los
sublimes montes, cuya frente
a la región etérea se levanta,
que ven las tempestades a su planta
brillar, rugir, romperse, disiparse,
los Andes, las enormes, estupendas
moles sentadas sobre bases de oro,
la tierra con su peso equilibrando,
jamás se moverán. Ellos, burlando
de ajena envidia y del protervo tiempo
la furia y el poder, serán eternos
de libertad y de victoria heraldos,
que con eco profundo,
a la postrema edad dirán del mundo:
«Nosotros vimos de Junín el campo,
vimos que al desplegarse
del Perú y de Colombia las banderas,
se
turban las legiones altaneras,
huye el fiero español despavorido,
o pide paz rendido.
Venció Bolívar, el Perú fue libre,
y en triunfal pompa Libertad
sagrada
en el templo del Sol fue colocada».



 

 

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